El problema de la constante pérdida de datos digitales
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El problema de la constante pérdida de datos digitales

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos con la digitalización de datos es la preservación de los mismos para evitar la degradación de estos formatos y de los medios ópticos y magnéticos.

Los jeroglíficos grabados en una pirámide con más de dos milenios de antigüedad se mantienen visibles, pero la capacidad de almacenaje de información de la piedra es muy limitada, algo parecido pasa con el papel -que se destruye muy fácilmente pero permite almacenar mayor información-. El ser humano necesita, para su propia supervivencia, encontrar la manera de guardar el conocimiento adquirido, por eso los métodos y medios de acumulación de información han evolucionado, llegando hasta los soportes ópticos -como los CDs o DVDs-, las memorias USB o las recientes unidades flash.

Desde finales de la década de 1990, y ante la mediación ubicua de los ordenadores como herramienta de gestión para diferentes facetas de la sociedad humana, casi todos nuestros datos se encuentran almacenados en formatos digitales: nuestros historiales médicos, el estado de nuestras finanzas, los impuestos que debemos pagar… Pero eso también implica que nuestros historiales se van almacenando en estos mismos formatos, y que, pese a la inmediatez con la que estos pueden ser consultados ahora, la evolución tecnológica hace que, inexorablemente, tanto la forma en que codificamos la información como los dispositivos en los que la almacenamos se queden obsoletos con mucha rapidez o incluso desaparezcan.

El problema de la pérdida de información debido a los formatos y el desfase informático se mostró ya cuando, a finales de los noventa, pasamos de usar diskettes a CDs y los ordenadores dejaron de incorporar lectores para esas unidades, de modo que ya no era posible leer esos discos. Ahora, sin embargo, el problema es otro, y es que la vida útil de un CD es mucho menor de lo;; sugerido inicialmente por las empresas fabricantes -que ofrecían entre 50 y 200 años de vida-, de modo que podemos encontrarnos con que los discos en los que hemos almacenado toda nuestra información personal se han degradado y ya no pueden leerse, después de tan sólo 10 años. Incluso si guardamos nuestros datos en memorias físicas o discos externos, a no ser que realicemos backups y renovaciones cada pocos años, esos dispositivos dejarán de funcionar y los datos no serán accesibles.

Para evitar que este problema tenga consecuencias catastróficas para el conocimiento humano, un proyecto de la Unión Europea ha invertido 15 millones de euros en recopilar información sobre codecs y dispositivos para reproducir formatos obsoletos y los han almacenado en una “cápsula del tiempo” en las montañas de Suiza, cerca de la estación de esquí de Gstaad, donde se encuentra una de las cámaras de seguridad más grandes del mundo. Esta medida servirá para que cuando se abra la cápsula, dentro de 25 años, se puedan descodificar todos los datos conservados, que entonces serán tan inaccesibles como lo son para el público general los primeros cartuchos de sonido del siglo XIX.


Fuente: http://tecnologia.org