El trabajo freelance como perspectiva de futuro
Comunícate con nosotros
Comunícate con nosotros

Menu superior

Artículos

El trabajo freelance como perspectiva de futuro

La globalización de los mercados de trabajo ha provocado un incremento en las últimas décadas del número de personas que trabajan como freelancers, no para una empresa en particular, sino en sucesivos proyectos mediante contratos puntuales.

La noción de trabajo autónomo no es ni mucho menos novedosa, pero los cambios introducidos en el mundo laboral por la interconexión ubicua de occidente permiten la deslocalización del empleo. Este hecho, que resulta perjudicial para la mayor parte de los puestos de trabajo industrial porque supone el abaratamiento de la mano de obra y el cierre de centros en Europa y EEUU en favor de países como China o el sudeste asiático, en el campo del “trabajo de cuello blanco” -más ligado a tareas de oficina- ha permitido que aumente el número de trabajos disponibles y el de trabajadores interesados más allá del país en el que vivan.

El trabajo del freelance deja a un lado el discurso corporativo y se apoya en la profesionalidad del individuo que ofrece sus servicios. En 1970, el escritor y futurista Alvin Toffler acuñó el término prosumidor en su libro Future Shock, con el que él quería describir la unión entre productor y consumidor; cuarenta años después, esa palabra se adapta a la figura del creador independiente que lanza al mercado aquello que le gusta disfrutar como individuo, pero estando al servicio de una empresa. En su libro de 2006, La revolución de la riqueza, Toffler desarrolla su idea del cambio en los modos de producción en la sociedad post-industrial y la necesidad de productores adaptados al cambio. En el mercado freelance, no sólo se valoran los conocimientos standard que permiten desarrollar una tarea -ya sea escribir un texto publicitario, diseñar una portada, crear una página web o cualquier otro proyecto-, sino también la capacidad de ir más allá de lo que el resto puede hacer, es decir: la calidad individual.

Esta modalidad de trabajo presenta el beneficio de permitir una mayor independencia y libertad a la hora de elegir cuándo, cómo y con quién se trabaja. Los inconvenientes se;; pueden concretar en que el freelance disfruta de un margen de seguridad laboral muy limitado, ya que no puede prever con seguridad el número ni la frecuencia con la que se le ofrecerán proyectos, de modo que depende en todo momento, sobre todo cuando aún no tiene una cartera afianzada, de la afluencia de clientes.

Desde la perspectiva freelance, cada individuo es su propia empresa cuya ubicación está en la red. La creación de relaciones virtuales de trabajo posibilita contratar a profesionales que físicamente se encuentran en diferentes países y trabajar con ellos como equipo sin que esto suponga una complicación.

El fenómeno de la deslocalización freelance no ha pasado inadvertida por los servicios de contratación, que han generado nuevas formas de rentabilizar esta forma de trabajo. Un ejemplo de ello es oDesk, la empresa que se dedica a poner en contacto a contratantes y freelancers, ofreciendo también herramientas de monitorización del trabajo a cambio de un 10% del sueldo pagado. También hay webs que hacen la misma función de intermediarios pero sin extras de software, como trabajofreelance.com, que cobra tarifas fijas por cada tipo de anuncio; o freelancer.com, que ofrece sus servicios por el 3% del pago final.

Más allá de los negocios que se han creado entorno a la figura del freelance, la sociedad está empezando a cambiar su percepción de este tipo de trabajadores, que ya no son una rareza sino que se presentan como la única respuesta a un mercado que es, para bien o para mal, fluido, cambiante y que precisa tener acceso puntual a diferentes tipos de trabajadores sin estar atado constantemente a ellos.


Fuente: http://tecnologia.org